Panorama de la corrupción en el sector público de la salud 

 

Introducción

La corrupción en México está más presente de lo que todos quisiéramos y el sector salud no escapa a su existencia y sus efectos.

Según Transparencia Internacional, en 2015 México ocupaba el lugar 95 de 168, con una calificación de 35 puntos sobre 100, donde 0 es altamente corrupto y 100 ausencia de corrupción; para 2017, México se colocó en el lugar 135 de 180 países, con una calificación de 29 punto, es decir, existe la percepción de que existe cada vez más corrupción.

Es importante señalar que la corrupción repercute en los individuos y de manera global afecta a la sociedad en su conjunto. Lo anterior es más evidente y agravante cuando ocurre en el campo de la salud pública, pues la salud de las personas no sólo es un bien en sí mismo, tutelado por el Estado y deseado por todos, sino que se trata de un medio y una condición indispensable para hacer valer otros derechos y libertades. Una persona con mala salud no podrá estudiar o trabajar de manera adecuada y no podrá vivir dignamente. Lo mismo sucede a nivel poblacional, una sociedad con una incidencia alta de enfermedades no podrá trabajar productivamente en plenitud y, por ende, disminuyen de modo considerable; una población que no goza de cabal salud no podrá generar las condiciones de desarrollo necesarias para producir riqueza, atender los rezagos históricos y reducir tanto la pobreza en sí misma como la inequidad en salud. Si queremos lograr el crecimiento sostenido indispensable para generar los beneficios sociales que reclama nuestra sociedad, es indispensable entregar buenas cuentas en materia de prevención de la enfermedad y procuración de la salud.

La corrupción ha demostrado ser un obstáculo para la provisión de servicios médicos suficientes y de calidad. Repercute directamente en el deterioro de la calidad de vida de millones de mexicanos y es responsable de la disminución de la esperanza de vida de miles de personas. Hay que tener absoluta claridad respecto a que la corrupción en el sector salud disminuye la efectividad del sistema y, por lo tanto, es causa de enfermedad, de discapacidad y de muerte prematura.

Para contribuir a dimensionar la magnitud del problema, Transparencia Internacional estima que cada año se pierden miles de millones de dólares a consecuencia de la corrupción y el fraude. La corrupción debilita los sistemas de salud; diferentes estudios muestran que, en general, la corrupción está relacionada en forma inversamente proporcional con los resultados de salud. Así, los países con índices bajos de corrupción tienen mayor esperanza de vida y menores tasas de mortalidad infantil y materna.

Además del desperdicio de recursos financieros, la corrupción genera un impacto adverso en el acceso a la atención médica, inhibe el crecimiento y erosiona la capacidad instalada, al tiempo que compromete la calidad de la atención médica y de los programas de prevención, cuya efectividad se ve minada por los frecuentes conflictos de intereses que inciden en el modo de actuar de la autoridad sanitaria. De hecho, la corrupción representa un grave impedimento para la consolidación y el aprovechamiento de los esfuerzos y los recursos nacionales que procuran la mayor eficiencia en la consecución de mejores resultados de salud. Esto resulta más evidente y con mayores impactos en entornos como el que prevalece en México en el que, de manera omisa, se destinan de modo inequitativo recursos muy limitados para la salud y éstos no son utilizados con la mayor eficiencia posible, fenómeno reconocido por diferentes autores como una brecha que no permite al Estado alcanzar los resultados del sector y pone en evidencia el mal desempeño del sistema.

Los diferentes escándalos sobre presunta corrupción en el sector salud, difundidos a través de diversos medios de comunicación, han despertado preocupación, indignación e interés por conocer y documentar con mayor detalle la confirmación de su presencia y dimensionar el eventual impacto que produce en los resultados.

Los cambios acaecidos en el Sistema Nacional de Salud con el advenimiento de la ley que dio vida al Sistema de Protección Social en Salud (SPSS) en México, se tradujeron en un considerable aumento de los recursos públicos destinados a la inversión. Sin embargo, contrario a lo previsto, este incremento de recursos no ha logrado los dividendos esperados en indicadores de salud. En diferentes medios nacionales de comunicación se ha denunciado que la corrupción ha evitado que los recursos llegaran a los usuarios del SPSS en forma de mejores y más amplios servicios de salud. Estas distracciones y desvíos fueron públicamente reconocidos por la Comisión Nacional de Protección Social en Salud, que ha admitido fugas acumuladas por casi 9 mil millones de pesos en el periodo comprendido entre 2007 y 2015. Para 2016, la Auditoría Superior de la Federación (ASF) detectó malos manejos de los recursos federales asignados al Seguro Popular en 28 entidades, por un monto estimado de casi 6 mil millones de pesos; en los reportes disponibles, se observan estados donde los posibles desfalcos van de 24 a 55% de los fondos que fueron transferidos para el SPSS local.

Es claro que la corrupción es un factor que ha contribuido a los pobres resultados que se registran respecto a la reducción de muertes maternas e infantiles, así como al aumento progresivo de fallecimientos ocasionados por o relacionados con la diabetes, las enfermedades cardiovasculares y el cáncer. Las cifras aludidas anteriormente se magnifican al considerar que miles de muertes prematuras podrían haber sido evitadas si las inversiones necesarias en el primer nivel de atención hubieran alcanzado su destino sin demoras, desperdicios o desviaciones.

Las políticas de salud deben reconocer la presencia de la corrupción en el sector a partir de un diagnóstico que permita identificar aquellos espacios críticos donde estos actos acontecen y causan graves efectos sobre la salud de las personas, el desempeño de las instituciones y el estado de derecho del país. Es necesario educar a profesionales y ciudadanos sobre lo que es la corrupción y su inaceptabilidad, la rendición de cuentas gubernamental, la transparencia, la voz de los ciudadanos y el cumplimiento de la ley ayudan a combatirla. Tanto los funcionarios públicos como los líderes del sector privado y la ciudadanía desempeñan una función clave en la prevención y combate contra la corrupción.